El obispo nicaragüense Silvio Báez, exiliado en Estados Unidos, denunció este domingo que la dictadura de Nicaragua ha convertido el destierro, la desnacionalización y la persecución más allá de las fronteras en una política sistemática de represión, al comparar el éxodo forzado de miles de familias con el exilio bíblico de la Sagrada Familia.
En una homilía difundida desde Miami, Báez afirmó que Jesús, María y José “fueron una familia de refugiados” y sostuvo que esa experiencia se repite hoy en América Latina, en particular en Nicaragua, Cuba y Venezuela.
Ahí, dijo, “dictaduras criminales” obligan a miles de personas a huir para salvar sus vidas. “Los Herodes de hoy, llenos de soberbia e intolerancia, eligen matar antes que perder el poder”, señaló.
El religioso, privado de su nacionalidad nicaragüense, sostuvo que en su país el exilio no es un daño colateral sino un método deliberado de castigo político.
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Represión migratoria
“No se limitan a forzar al exilio a ciudadanos honestos; también les prohíben regresar, les confiscan bienes y hostigan a sus familiares”, afirmó, al denunciar además la negación de servicios consulares y la práctica de dejar a miles de personas en condición de apatridia de facto.
Báez subrayó que la represión no termina con la salida del país. “Continúan persiguiendo a quienes ya están fuera: los espían, los amenazan y les niegan documentos”, aseguró, al calificar estas acciones como parte de un “plan sistemático de represión institucionalizada”.
El obispo contextualizó su mensaje en la crisis migratoria nicaragüense, que ha llevado a más de 800,000 personas a emigrar en los últimos años, principalmente a Estados Unidos, Costa Rica y España.
En ese marco, llamó a la comunidad internacional a no normalizar el destierro y el exilio como herramienta política.
El exilio no es el final
En su reflexión, Báez citó al papa Francisco para advertir que los migrantes y refugiados “no son peones sobre el tablero de la humanidad” y recordó que, incluso cuando encuentran trabajo, “no siempre hallan auténtica acogida, respeto y aprecio” en los países de destino.
Pese al diagnóstico, el religioso llamó a los exiliados a preservar la dignidad y la esperanza. “El exilio no es necesariamente el final. Puede ser un tiempo de salvación y de nuevos sueños”, afirmó.
Además, pidió a las familias migrantes respetar las leyes del país que los acoge, trabajar con honestidad y mantener la cohesión familiar.
Báez concluyó que Jesús quiso nacer en una familia que experimentó el desarraigo “para que ningún exiliado se sienta excluido de la cercanía de Dios”, y exhortó a las comunidades de acogida a responder con solidaridad ante una crisis que, advirtió, seguirá marcando a la región.
