Centroamérica conserva su vocación agrícola, aunque su peso en el PIB se reduce

Centroamérica continúa siendo una región con fuerte arraigo agropecuario, pese a que la contribución del sector al producto interno bruto (PIB) ha disminuido en las últimas décadas, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

El estudio destaca que la participación del sector agropecuario en el producto interno bruto (PIB) de los países centroamericanos oscila entre el 2 % y el 15 %. Aunque este peso relativo se ha reducido en todos los países de la subregión, el valor agregado y la formación bruta de capital fijo del sector agropecuario, pesquero y silvícola han aumentado de manera sostenida, lo que evidencia un proceso de transformación productiva más que una pérdida de relevancia.

Las diferencias entre países también se reflejan en el empleo. Guatemala (27.1%), Nicaragua (27.7%) y Honduras (24.2%) concentran la mayor proporción de ocupación en actividades agrícolas.

En contraste, la participación del empleo agrícola es menor en Belice (16.7%), Panamá (15.2%), El Salvador (14.9%), Costa Rica (13.4%) y la República Dominicana (7.7%), lo que muestra distintos niveles de diversificación económica dentro de la subregión.

 

Financiamiento al carbono

El informe forma parte de un análisis que evalúa la pertinencia de los instrumentos de precio al carbono —especialmente los créditos de carbono— como mecanismos para acceder a financiamiento climático en el sector agropecuario de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

La CEPAL subraya que estos instrumentos pueden generar beneficios económicos y fortalecer capacidades institucionales, aunque advierte que no sustituyen una estrategia integral de financiamiento climático.

A nivel global, los sistemas energéticos representan la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), con el 34 %, seguidos de la industria con 24 % y de la agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra (ASOUT), con el 22 %.

Sin embargo, en América Latina y el Caribe el patrón es distinto, con el 58 % de las emisiones del sector ASOUT, impulsado por los cambios de uso del suelo (38 %) y la agricultura (20 %).

En el caso de los países del SICA, la participación de la agricultura en las emisiones totales de GEI ha disminuido de forma sostenida. Según la CEPAL, este indicador pasó de representar el 53.9 % a inicios de la década de 1970 a 28.7 % en 2022, tras haber alcanzado un mínimo de 28.2 % en 2019. Aunque la reducción fue más marcada entre 1990 y 2002, desde 2003 el porcentaje ha fluctuado entre el 28 % y el 31 %.

Para todo el período analizado, la participación promedio de las emisiones agrícolas fue de 39.4 %, con una tasa de variación anual promedio de -1.2 %, lo que confirma una disminución sostenida del peso relativo de la agricultura en las emisiones regionales, en un contexto en el que el sector sigue siendo clave para el empleo, la producción y el desarrollo rural en Centroamérica.

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