El paso por el Darién se ha convertido en una mina de oro para las redes criminales. Más de 500 mil personas atravesaron la selva entre Colombia y Panamá en 2023, pagando miles de dólares a grupos que controlan cada tramo de la ruta.
El informe “Drugs, Guns and Cash: A Strategic Threat to the Americas” revela que el tráfico de personas en el Darién llegó a mover tanto dinero como el narcotráfico. Migrar dejó de ser solo una decisión desesperada: se volvió un negocio dominado por mafias que lucran con la vulnerabilidad.
Según el estudio, los migrantes pagan entre 5 mil y 10 mil dólares por persona para atravesar el corredor selvático. Cada etapa, transporte, guía, alimentación, seguridad o paso fronterizo, tiene dueño, tarifa y reglas impuestas por el crimen organizado.
El informe detalla que más del 70% de los viajeros sufre extorsión, robo o abuso durante el trayecto. En algunos casos, las propias bandas ofrecen “paquetes de protección” que garantizan seguridad a cambio de sumas adicionales.
Los investigadores señalan que los grupos criminales venezolanos, colombianos y centroamericanos han tejido una red transnacional que conecta el Darién con las rutas hacia Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México.

La frontera natural entre Colombia y Panamá ya no es una selva inhóspita: es un corredor controlado por redes que también trafican cocaína, armas y dinero. El flujo humano sirve de cobertura para sus operaciones.
El documento advierte que la migración irregular se ha convertido en una fuente clave de ingresos para los carteles, superando incluso a la venta directa de drogas en ciertos tramos de Centroamérica.
Panamá y Costa Rica aparecen como los países más presionados por este fenómeno. Las autoridades enfrentan la paradoja de tener que asistir a miles de personas mientras combaten a las bandas que se enriquecen a su costa.

Los flujos migratorios no solo afectan la seguridad. Según el informe, el negocio criminal ha generado deforestación masiva en la zona del Darién, donde se talan bosques para abrir caminos, montar campamentos y construir pistas clandestinas.
En paralelo, los grupos delictivos usan las ganancias del tráfico humano para lavar dinero a través de empresas de fachada y movimientos financieros en Panamá y Guatemala, aprovechando la falta de controles coordinados.
El informe advierte que el cierre parcial de la ruta terrestre no elimina el problema: solo lo desplaza. Muchos migrantes terminan pagando aún más para cruzar por mar hacia Costa Rica o Nicaragua, donde la vigilancia es más débil.
Las organizaciones criminales operan con una estructura casi empresarial. Cada eslabón, desde el coyote hasta el financista, obtiene ganancias en una cadena que combina logística, violencia e impunidad.

¿Cómo solucionar esta problemática?
El estudio propone crear patrullas regionales coordinadas y centros de inteligencia fronteriza, para compartir información sobre rutas, movimientos financieros y redes de tráfico de personas.
También plantea la necesidad de ofrecer alternativas legales y seguras de movilidad, como corredores humanitarios o programas de trabajo temporal, que reduzcan la dependencia de los migrantes respecto a los coyotes y las mafias.
El documento concluye que el Darién ya no es solo una frontera: es el corazón de un sistema ilícito que une al narcotráfico, la migración y la corrupción estatal. Si no se actúa de manera conjunta, advierte, Centroamérica corre el riesgo de convertirse en la autopista más rentable del crimen en el hemisferio.







