Un tablero de juego maya del periodo Clásico, conocido como patolli, fue descubierto en el complejo residencial 6L13 del sitio arqueológico Naachtun, al norte de Petén. Este hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre la práctica de los juegos en la cultura maya. El hallazgo fue revelado este mes por Latin American Antiquity, una revista académica trimestral de la Sociedad de Arqueología Americana (SAA), considerada la principal publicación profesional para la arqueología de México, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica.
A diferencia de los numerosos tableros esgrafiados en pisos de estuco encontrados en otras ciudades mayas, el tablero de Naachtun fue elaborado con cientos de tiestos de cerámica roja incrustados directamente en el mortero fresco del piso, formando un mosaico en forma de cruz dentro de un marco rectangular. Este método de construcción sugiere que el juego fue parte del diseño original del espacio y destinado a un uso prolongado.
Según el estudio publicado en la revista Latin American Antiquity, esta forma de incrustar los fragmentos demuestra un nivel de planificación arquitectónica poco común.
“La presencia del tablero desde la construcción del piso indica que no fue un añadido posterior, sino que formaba parte integral del diseño del espacio”, concluyen los autores.
Naachtun, una ciudad maya ubicada entre Tikal y Calakmul, muestra evidencia de ocupación desde el periodo Preclásico, y tuvo un auge durante el Clásico, cuando fue gobernada por la dinastía Suutz’.
El grupo 6L13, donde se halló el tablero, fue una residencia de élite con posibles funciones administrativas. Las excavaciones revelaron estructuras complejas, restos de tumbas saqueadas y una notable presencia de cerámica asociada a Teotihuacan.
El patolli de Naachtun está alineado con los puntos cardinales y, aunque está incompleto, se estima que tenía entre 45 y 57 casillas. El diseño y la selección de los tiestos—todos de tonos rojizos—podrían relacionarse con simbolismos cosmológicos, ya que el color rojo se asocia con el Este en la cosmovisión maya.
Los investigadores calcularon que se utilizaron al menos 478 fragmentos cerámicos, probablemente recolectados de un basurero doméstico, ya que no hay evidencia de que las vasijas hayan sido rotas intencionalmente para este fin. La datación sugiere que el tablero fue construido entre los siglos V y VI d.C., lo que lo convertiría en uno de los más antiguos del área maya.
Este hallazgo es único no solo por su técnica de construcción, sino porque aporta datos precisos sobre el momento de su creación, algo que no es posible determinar en la mayoría de tableros mayas. Además, refuerza la hipótesis de que los juegos de tablero como el patolli no solo tenían funciones rituales o adivinatorias, sino también sociales y recreativas.
