La reconocida activista indígena guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992, recibió el miércoles la nacionalidad mexicana por parte del gobierno federal, como reconocimiento a su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y los pueblos originarios.
La entrega de la carta de naturalización fue realizada por el canciller Juan Ramón de la Fuente en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum, durante una ceremonia en la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). En el acto, el funcionario elogió su lucha contra las injusticias cometidas durante la dictadura guatemalteca, así como sus contribuciones académicas a nivel internacional.
Menchú, de 66 años, proviene de una familia del departamento de Quiché, víctima directa del genocidio indígena en Guatemala. Su madre y su hermano fueron torturados y asesinados, mientras que su padre murió calcinado durante una protesta. Perseguida por el régimen militar, se exilió en Chiapas, México, en 1981, bajo la protección del obispo Samuel Ruiz García, desde donde continuó su denuncia ante organismos internacionales.
“Muy agradecida y emocionada por recibir de manos del canciller Juan Ramón de la Fuente mi carta de naturalización”, expresó Menchú, visiblemente emocionada, durante la ceremonia.
A lo largo de su vida, Menchú ha sido embajadora de buena voluntad de la UNESCO, candidata presidencial, y ha promovido la justicia social, la equidad de género y la paz en escenarios globales.
Su autobiografía “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia” jugó un papel crucial al visibilizar los crímenes cometidos durante el conflicto armado guatemalteco, posicionándola como una figura global de resistencia indígena.
No obstante, Menchú también ha sido una figura controvertida en la política regional. Su apoyo al gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, y su negativa a condenar la represión contra opositores, han generado críticas.
En 2019, declaró que “no hay que folclorizar el concepto de delitos de lesa humanidad”, al ser consultada sobre las matanzas contra opositores por parte de la dictadura Ortega-Murillo. En 2015, calificó al régimen de Ortega como “una luz de esperanza para la gente común”.







