Al menos 268 periodistas nicaragüenses han abandonado su país desde 2018 por temor a represalias de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Muchos de ellos se refugiaron en Costa Rica, pero incluso fuera del país siguen siendo blanco de una campaña de hostigamiento que, según denuncian, no reconoce fronteras.
De acuerdo con el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), los exiliados enfrentan tácticas encubiertas de represión que incluyen amenazas, presiones psicológicas, ofertas de colaboración a cambio de favores y vigilancia constante. Todo esto ha generado un ambiente de temor que obliga a los periodistas a cambiar sus rutinas, ocultar su paradero y limitar el contacto con sus familias dentro de Nicaragua.
“Nos están cazando”, expresó a CPJ una periodista exiliada que relató cómo agentes encubiertos le ofrecieron ser eliminada de la lista negra del gobierno si brindaba información sobre otros colegas en el exilio. Su respuesta fue huir del país inmediatamente, negándose a traicionar a sus compañeros.
Los testimonios recopilados revelan que incluso los familiares que permanecen en Nicaragua son perseguidos, interrogados y forzados a cortar lazos. Uno de los casos citados refiere a una reportera cuya hermana fue visitada por la policía en Managua. “Les dijo que me odiaba y que no tenía contacto conmigo”, contó.
El CPJ denunció también que el régimen Ortega-Murillo se ha negado a cooperar con mecanismos internacionales de derechos humanos como el Examen Periódico Universal de Naciones Unidas, que emitió 279 recomendaciones al régimen. El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua ha documentado prácticas de represión transnacional, desde el retiro de pasaportes hasta el acoso a familias de opositores en el extranjero.

Periodistas convertidos en apátridas
Gerald Chávez, director del medio Nicaragua Actual, citado por el CPJ, relató que fue víctima de esta represión cuando huyó a Costa Rica en 2018. En 2023, la embajada nicaragüense en San José le negó la renovación de su pasaporte. Luego, el Estado también se negó a entregar su partida de nacimiento, dejándolo en condición de “apatridia de facto”, sin posibilidad de viajar ni acceder a servicios básicos.
“Es una forma de muerte. Un modo de paralizarte como periodista”, dijo Chávez, quien ha solicitado la nacionalidad española, al igual que otros siete comunicadores, luego de que España concediera ciudadanía a nicaragüenses despojados de su nacionalidad.
La situación de los periodistas en Costa Rica se tornó aún más alarmante tras el asesinato del exmilitar y comentarista político Roberto Samcam en junio de 2025, en San José.
Sergio Marín Cornavaca, director de La Mesa Redonda, reveló que tras el crimen, autoridades costarricenses le advirtieron que él también estaba en una lista de vigilancia.
“Me dijeron que debía moverme, cambiar de casa y evitar lugares públicos”, relató.
Costa Rica, que durante años fue vista como un refugio seguro para la prensa independiente de Nicaragua, enfrenta ahora una ola de violencia sin precedentes. En 2023 se registraron 907 homicidios, la cifra más alta en su historia, y en 2024 se reportaron 880 asesinatos, según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
La Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) de Costa Rica admitió conocer los riesgos, pero aclaró que su función se limita al análisis de amenazas, ya que no tienen competencia legal para brindar protección directa. Las solicitudes deben hacerse por medio del sistema de protección de víctimas del OIJ o la fiscalía.
El CPJ advirtió que la Ley de Ciberdelitos de Nicaragua, aprobada en 2020, permite al régimen encarcelar a comunicadores por difundir lo que el gobierno considere “información falsa”. Esto ha llevado a muchos periodistas al silencio o al abandono de su profesión, mientras otros buscan asilo en países como España y Canadá.
“Vivir como periodista exiliado es vivir como un criminal, aunque tu único delito sea decir la verdad”, sentenció Marín. La represión del régimen de Ortega no termina en la frontera; los alcanza donde quiera que estén.







