La Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) presentó el jueves un contundente estudio que desnuda las raíces más profundas del fenómeno de la corrupción en el país, revelando que entre 2014 y 2024 se identificaron 276 patrones de corrupción en 70 instituciones públicas.
El análisis, titulado “Patrones y tendencias de la corrupción en Honduras”, fue elaborado por el Observatorio Universitario Nacional de Transparencia y Anticorrupción (OUNTAH), adscrito al Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS).
Según el documento, la corrupción no solo se repite, sino que evoluciona, se adapta y se perfecciona con cada cambio político o institucional, consolidando estructuras que impactan directamente en la calidad de vida de la población hondureña.
“No es solo un estudio académico, es un compromiso social por un Estado más transparente”, aseguró Carmen Julia Fajardo, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNAH.
Entre los principales hallazgos se destacan 89 patrones de corrupción en instituciones que proveen servicios públicos como energía, agua, salud y telecomunicaciones, lo que ha generado una constante degradación en la calidad de atención a los ciudadanos. Además, se identificaron 34 patrones relacionados con clientelismo político y 36 más en el sistema judicial, donde el 58 % de las irregularidades están vinculadas a impunidad estructural.
Keily Salgado, coordinadora del OUNTAH, explicó que las prácticas corruptas incluyen la modificación de contratos, compras directas sin licitación y tráfico de influencias, particularmente en contextos de emergencia como durante la pandemia del COVID-19.
“Estos patrones no desaparecen; mutan. Cuando una ley intenta frenarlos, se crea otra forma de evadirla”, sostuvo Salgado.
El informe sostiene que la corrupción en Honduras se apoya en tres pilares fundamentales: la captura de instituciones encargadas de hacer cumplir la ley, el uso de la contratación pública para enriquecimiento ilícito y la impunidad como mecanismo de gobernabilidad.
Estas prácticas han generado lo que el rector de la UNAH, Odir Fernández, calificó como una “maquinaria en pleno funcionamiento”.
“La corrupción en este país no solo persiste, se transforma, se adapta y se vuelve más sofisticada. Se ha convertido en una verdadera cleptocracia”, advirtió el rector, quien subrayó que los responsables tienen “nombre y apellido” y provienen directamente del sector político que ha gobernado en la última década.
El informe abarca los dos periodos presidenciales de Juan Orlando Hernández (2014-2022) y los primeros años del gobierno de Xiomara Castro, que finaliza en 2026. Aunque existen organismos para combatir este flagelo, el estudio advierte que su capacidad es insuficiente frente a un fenómeno que es sistémico y no solo atribuible a funcionarios individuales.
Fernández también señaló que la corrupción tiene un impacto directo en la vida diaria de los hondureños, reflejándose en la falta de inversión, desempleo, déficit en salud, inseguridad y educación precaria. “La corrupción nos roba el futuro y también el presente”, enfatizó.
El rector criticó además la falta de voluntad política para enfrentar el problema, asegurando que no se trata de una falla técnica, sino de una “neutralidad calculada” de quienes deberían liderar la lucha contra las redes corruptas. Señaló al Tribunal Superior de Cuentas, donde “ocho de sus diez principales patrones están vinculados a irregularidades”.
Como recomendaciones clave, la UNAH propone fortalecer los mecanismos de prevención y detección temprana de corrupción, equilibrar la ejecución presupuestaria con la integridad pública, abordar el fenómeno como un dilema de acción colectiva y no solo como un delito, y mejorar la transparencia mediante sistemas de rendición de cuentas.
“Honduras merece instituciones, no feudos; democracia, no cleptocracia”, concluyó Fernández.







