La región latinoamericana reaccionó este sábado 3 de enero con posiciones encontradas tras el ataque militar de Estados Unidos contra instalaciones estratégicas del régimen venezolano, anunciado por el presidente Donald Trump, y la posterior captura y extradición del mandatario Nicolás Maduro y su esposa.
El episodio, ocurrido en la madrugada del 3 de enero de 2026, reavivó las tensiones geopolíticas y evidenció una fractura ideológica en el continente.
Gobiernos identificados con la izquierda regional condenaron la operación como una violación a la soberanía y al derecho internacional, mientras que administraciones de signo conservador o liberal callan o valoran si celebrarlo como el final de un régimen autoritario y un giro decisivo en la crisis venezolana.
Padrino en búnker
Desde Venezuela, ya bajo un gobierno de transición de facto, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, denunció el operativo desde un búnker militar como una “agresión militar criminal” motivada por la codicia sobre recursos estratégicos, en particular el petróleo.
Antes de ser capturado, Maduro decretó un estado de emergencia nacional, acusando a Washington de impulsar un plan de “cambio de régimen”. Padrino López llamó a la “movilización general” y juró resistencia: “El honor, el deber y la historia nos llaman. Venceremos”, afirmó en un mensaje difundido por canales oficiales.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro emitió una condena inmediata. En mensajes difundidos en redes sociales y en declaraciones oficiales, calificó el ataque como una “agresión contra la soberanía de Venezuela” y alertó sobre el riesgo de una escalada regional.
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Colombia activa protocolos
Petro convocó de madrugada a su Consejo de Seguridad Nacional, ordenó el despliegue preventivo de tropas en la frontera común y activó protocolos humanitarios ante un posible aumento del flujo migratorio.
Además, solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU y se ofreció como mediador internacional para promover “diálogo y paz”, rechazando las acciones unilaterales.
Igual ha ocurrido en la dictadura de Nicaragua, cuyos medios de comunicación oficialistas y oficinas de prensa han pasado emitiendo imágenes y mensajes de aliento a sus socios venezonalos.
La dictadura Ortega Murillo ha emitido comunicados de condena y llamado a la solidaridad internacional con el dictador apresado.
Cuba lamenta
Desde Cuba, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció lo ocurrido como un “ataque criminal” y “terrorismo de Estado” contra el pueblo venezolano y contra lo que denominó “Nuestra América”.
A través de comunicados oficiales y publicaciones en X, el mandatario afirmó que la “zona de paz” regional había sido “brutalmente agredida” y llamó a una respuesta coordinada de la comunidad internacional.
La cancillería cubana instruyó a sus embajadas a promover pronunciamientos de solidaridad con Venezuela en foros multilaterales, en línea con la histórica alianza entre La Habana y Caracas.
Milei celebra
En contraste, Argentina adoptó una postura diametralmente opuesta. El presidente Javier Milei celebró el operativo con un mensaje publicado en la red X: “¡La libertad avanza! ¡Viva la libertad, carajo!”, interpretado como un respaldo explícito a la caída del gobierno de Maduro.
Aunque Buenos Aires no ha anunciado medidas diplomáticas o militares concretas, la reacción del mandatario refuerza su alineamiento con Washington y su discurso contra los gobiernos socialistas de la región.
Otras capitales latinoamericanas mantenían hasta este sábado posiciones cautelosas o en evaluación. Fuentes diplomáticas indicaron que varios países analizaban convocar consultas regionales, mientras organismos como la CELAC y la OEA podrían pronunciarse en las próximas horas.
Izquierda europea condena
Fuera del continente, aliados tradicionales de Caracas, como Rusia y China, expresaron “preocupación” por la operación estadounidense y pidieron respeto al derecho internacional, según comunicados difundidos por sus representaciones diplomáticas.
En contraste, gobiernos europeos aliados de Washington reclamaron información detallada sobre el alcance de la intervención y sus consecuencias jurídicas.
La situación sigue evolucionando rápidamente, con reacciones oficiales aún en desarrollo y llamados crecientes a evitar una escalada regional tras uno de los episodios más disruptivos en la política latinoamericana reciente.
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