La dictadura de Nicaragua, por órdenes de Daniel Ortega y Rosario Murillo activó de forma urgente sus estructuras de control social y vigilancia interna tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro.
Las medidas son una reacción marcada por el temor a un escenario de protestas similar al estallido social de abril de 2018, según fuentes locales y medios independientes.
De acuerdo con informaciones divulgadas por el medio independiente 100% Noticias, pocas horas después de conocerse la operación estadounidense en Venezuela, el régimen nicaragüense ordenó la movilización inmediata de los Comités de Liderazgo Sandinista y de las Unidades de Victorias Electorales.
El objetivo: intensificar el espionaje político y el control territorial en barrios, comunidades e instituciones del Estado.
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Dictadura con miedo
Las directrices, atribuidas a una enfurecida Murillo, instruyen a estas estructuras partidarias a vigilar comentarios, movimientos y conductas de ciudadanos considerados críticos del régimen en redes sociales.
El foco va con énfasis en personas que participaron en protestas desde 2018 y en sus entornos familiares, aun cuando estos no hayan tenido una participación política directa.
Fuentes internas del oficialismo citadas por el medio revelan además un clima de desconfianza dentro de la propia militancia sandinista, que teme que Estados Unidos haga lo mismo con los dictadores Ortega Murillo.

Vigilancia dentro del Estado
Un mensaje atribuido a un operador político expresa temor por supuestas “traiciones” en el aparato estatal y menciona procesos de “limpieza” en instituciones clave, incluyendo la Policía y el Ejército, lo que evidencia que la sospecha alcanza incluso a los cuerpos de seguridad.
El reforzamiento del control no se limita a los territorios. Las órdenes también alcanzan a ministerios, alcaldías y entes públicos, donde jefaturas y operadores políticos han sido instruidos a revisar redes sociales, computadoras y teléfonos celulares de empleados estatales.
El objetivo es identificar posibles “amenazas” mediante el monitoreo de opiniones en plataformas como Facebook, Instagram y X, profundizando un clima de autocensura e intimidación laboral.
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Paranoia y fracturas internas
Analistas y fuentes cercanas al oficialismo señalan que la cooperación de funcionarios venezolanos con agencias de inteligencia estadounidenses tras la caída de Maduro desató una paranoia generalizada en la cúpula Ortega-Murillo.
El régimen observa con inquietud no solo lo ocurrido en Venezuela, sino también experiencias de protesta en países como Irán, temiendo un efecto contagio en Nicaragua.
Desde la madrugada del 3 de enero, el complejo presidencial de El Carmen vive un ambiente de zozobra y vigilancia reforzada, con mayor presencia policial y militar, según relatan fuentes con acceso a círculos de poder.
Muchas de estas filtraciones han llegado a periodistas en el exilio, entre ellos Miguel Mendoza, así como a otros comunicadores y medios independientes, que documentan un régimen cada vez más atrincherado.
Expertos advierten que el endurecimiento del control social, lejos de consolidar el poder, podría acelerar el desgaste interno de una estructura política marcada por la desconfianza y las pugnas internas.







